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Buenos Aires, Abril de 2003
Estimado lector / a:
En pocos días más, los argentinos estaremos nuevamente
frente a las urnas para elegir nuestro presidente, producto de un
primer mandatario que renunció hace dos años, para
mal de nuestra institucionalización, y de una transición
que duró hasta ahora.
Como nunca antes, la ciudadanía se apresta a participar del
acto electoral con una formidable indiferencia. Además, según
lo que anticipan varias encuestas, habrá una concurrencia
menor al promedio histórico. Esta situación habla
a las claras de la crisis de institucionalización y de representatividad
que sufre hoy nuestro sistema republicano.
De todas formas, esta elección renueva el compromiso con
la vida democrática y alimenta una nueva cuota de esperanza,
por mínima o máxima que sea. La renovación
con los juegos institucionales sin dudas nos hace crecer a todos,
como ciudadanos y como país.
Optimistas por naturaleza, los masones creemos que lo mejor está
por venir y construimos a partir de esta premisa. Esta reflexión
viene a cuenta porque como Nación, sin dudas, hay objetivos
que todavía debemos alcanzar o construir. Por esto traemos
un párrafo de la nota del economista Orlando Ferreres, aparecida
en el último número de la revista Debate, que desde
el plano económico nos invita a la reflexión y el
trabajo: "Desde 1875 hasta 1935, la calidad de vida de los
argentinos, medida por ingreso per capita, fue por 6O años
igual que la de Canadá o Australia (...) Desde 1930, los
que mandan en la Argentina vienen equivocándose en forma
reiterada y el resultado de todas esas acciones se refleja en un
ingreso per capita, expresado en dólares constantes de 199O
de alrededor de 7.00O por año, contra los 24.00O de Canadá,
o sea, han condenado a la población a vivir sólo al
3O por ciento de sus posibilidades".
Dr. Jorge A. Vallejos
Gran Maestre.
"La guerra provocó un debate acerca del concepto de
libertad de información" Libertad de prensa
en conflicto
La confrontación
bélica que se desarrolla en el Medio Oriente colocó
en el terreno del debate el trabajo del periodismo y el concepto
de libertad de expresión e información, valores tan
caros a los ideales de Occidente.
La libertad de información quedó averiada cuando las
autoridades, de ambas partes del conflicto, solicitan y exigen a
los propietarios de los medios de comunicación que aligeren
las noticias, las suavicen o directamente que no informen. Esta
situación se coronó cuando prestigiosos periodistas
estadounidenses fueron despedidos de sus empleos para informar de
manera veraz o hacer declaraciones a los medios de los países
adversarios.
Sorprende observar como el periodismo estadounidense rechaza los
altos ideales de la libertad de información para caer en
un "periodismo patriótico", como algunos analistas
decidieron llamar a este fenómeno. Cuesta entender esta deformación
en un país que hizo de la libertad de prensa y de los derechos
civiles un estilo de vida.
Sabemos que una cámara o el grabador de un periodista puede
resultar molesto a los objetivos y a la táctica militar,
pero necesitamos un periodismo comprometido con la verdad para que
la opinión pública toda tengan una acabada comprensión
de este conflicto. Ninguna guerra, ni esta ni las futuras, justifica
que el derecho a informar quede anulado, sabiendo que es uno de
los principales derechos con el que Occidente construyó su
cultura.
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